Fisiopatología de Schistosoma mansoni
Schistosoma mansoni: El fenómeno que más daño hace es el fenómeno de fibrosis. Aquí, las células estrelladas, al ser estimuladas por la respuesta de las citoquinas proinflamatorias, empiezan a producir colágeno. Esta actividad es la que lleva a que finalmente se forme la fibrosis periportal, la cual provoca que, a nivel fundamentalmente hepático e intestinal, se vaya limitando el flujo sanguíneo que va a través de la vena porta suprahepática hacia el corazón. Este flujo se ve interrumpido y conduce, entonces, a la hipertensión portal, a la presencia de varices esofágicas, varices hemorroidales y a la red venosa colateral. Este bloqueo vascular constituye la patología que puede llevar a la muerte del paciente.
Patogenia de Entamoeba histolytica
Entamoeba histolytica: Se origina cuando los trofozoítos de Entamoeba histolytica se adhieren al epitelio del colon mediante la lectina galactosa/N-acetil-galactosamina, desencadenando la lisis celular y la degradación de la matriz extracelular a través de amebaporos y cisteína proteasa. Este proceso de citólisis y respuesta inflamatoria local provoca la formación de úlceras características en «botón de camisa», las cuales destruyen la mucosa y los vasos sanguíneos periféricos, resultando en la evacuación frecuente de heces con moco y sangre.
Manifestaciones Sistémicas: Fiebre y Pérdida de Peso
Fiebre y PP (Pérdida de Peso): Se basa en un fallo de la respuesta inmune celular, donde el parásito evade la destrucción intracelular y provoca un desequilibrio persistente entre las respuestas Th1 y Th2. Al no poder erradicar al parásito, se genera una liberación masiva y sostenida de citoquinas proinflamatorias como TNF-α, IL-1 e IL-6, las cuales actúan como pirógenos endógenos en el hipotálamo (causando fiebre) y promueven el catabolismo muscular y la supresión del apetito (causando pérdida de peso y caquexia). Simultáneamente, la producción de citoquinas inmunosupresoras como IL-10 y TGF-β inhibe la eficacia de los macrófagos, permitiendo que los amastigotes se diseminen a órganos del sistema reticuloendotelial (hígado, bazo y médula ósea), perpetuando así el estado inflamatorio crónico y el deterioro sistémico del paciente.
Hipergammaglobulinemia y Formación de Edema
Hiper y Edema: Son consecuencia de una respuesta Th2 exacerbada que, mediante la liberación de IL-10 y TGF-β, estimula una producción masiva y descontrolada de inmunoglobulinas no funcionales (aberrantes). Esta sobreproducción de globulinas, sumada a la invasión parasitaria del hígado, altera la síntesis proteica hepática e invierte la relación albúmina/globulina, provocando una hipoalbuminemia severa. Al disminuir la concentración de albúmina, cae la presión oncótica del plasma, lo que permite que la presión hidrostática desplace el líquido hacia el espacio intersticial, resultando en la formación de edema sistémico y ascitis.
Pancitopenia y Alteraciones Hematológicas
Pancitopenia: Es de origen multifactorial y se explica por la combinación de un hiperesplenismo (secuestro y destrucción acelerada de células sanguíneas debido a la hiperplasia de la pulpa blanca), la invasión parasitaria de la médula ósea y la inhibición de la eritropoyesis mediada por citoquinas proinflamatorias (TNF-α, IL-1, IL-6). Además, el estado de inflamación crónica bloquea la producción renal de eritropoyetina, mientras que la hipergammaglobulinemia aberrante genera autoanticuerpos que causan anemia hemolítica autoinmune. Finalmente, el daño hepático y la disfunción metabólica reducen la síntesis de factores de coagulación, lo que, sumado a la trombocitopenia (falta de plaquetas), predispone al paciente a hemorragias graves.
Daño Renal (DR)
DR: La formación de autoanticuerpos e inmunocomplejos (RH2 y RH3) genera daño en la membrana basal glomerular de la cápsula de Bowman de la nefrona. Esto genera fenestración de la membrana basal del penacho vascular, lo que se manifiesta clínicamente como hematuria, proteinuria, edema y alteración del ultrafiltrado glomerular.
Hepato-Espleno-Adenomegalia (HEA)
HEA: Es consecuencia de una hiperplasia compensatoria y patológica del Sistema Fagocítico Mononuclear (SFM) ante la invasión masiva de amastigotes.
- Esplenomegalia: Se origina por la proliferación exagerada de la pulpa blanca del bazo (cuerpos de Malpighi), lo que deriva en hiperesplenismo.
- Hepatomegalia: Ocurre debido a la hiperplasia de las células de Kupffer infectadas en los sinusoides hepáticos.
- Adenomegalias: Surgen por la infiltración y replicación de macrófagos parasitados en los ganglios linfáticos.
En conjunto, este crecimiento orgánico refleja un intento ineficaz del sistema inmune por contener la diseminación del parásito a través de sus tejidos linfoides y fagocíticos.
Evasión del Sistema Inmune por Leishmania
La evasión del sistema inmune por Leishmania se basa en una manipulación estratégica de la fagocitosis para asegurar su supervivencia intracelular. A través de las moléculas gp63 y LPG, el parásito activa deliberadamente la vía del complemento para que el componente C3b se deposite en su membrana, facilitando una opsonización que le permite entrar al macrófago de forma «silenciosa». Una vez dentro, la molécula LPG actúa como un factor de virulencia crítico al inhibir la formación del complejo de ataque a membrana (C5b-C9) y, fundamentalmente, al bloquear la fusión del fagosoma con el fagolisosoma. Esto impide que el parásito sea expuesto a las enzimas hidrolíticas y al ambiente ácido del lisosoma, permitiendo que el promastigote se transforme en amastigote y se replique sin ser digerido por la célula huésped.
Dinámica de la Respuesta Inmune: Th1 y Th2
Transición Th1-Th2
TH1-TH2: El cuerpo arranca con una respuesta Th1 (defensiva) que intenta destruir al parásito en la piel; sin embargo, si el sistema no logra eliminarlo por completo o si la inflamación se vuelve crónica y dañina (especialmente en la mucosa), puede ocurrir un agotamiento o una regulación donde aumenta la respuesta Th2 para frenar la inflamación, aunque esto a veces permite que el parásito persista. En la forma mucosa, el daño no es porque falte defensa, sino porque hay un exceso de ataque Th1 que termina «quemando» el tejido sano, y el cuerpo intenta aplicar frenos Th2 para compensar ese desastre.
Transición Th2-Th1
TH2-TH1: Por el contrario, el paciente comienza perdiendo la batalla porque su sistema inmune se inclina desde el inicio hacia una respuesta Th2 (permisiva), lo que deja al parásito libre para invadir órganos o toda la superficie de la piel. Aquí, el «giro» de Th2 hacia Th1 es el camino necesario para la curación: solo si el paciente logra (mediante tratamiento o recuperación de la inmunidad) activar sus células Th1, podrá finalmente «despertar» a los macrófagos para que maten a los parásitos internos. Si este cambio de Th2 a Th1 no sucede, la enfermedad progresa de forma fatal o crónica.
