La Masticación
La masticación consiste en triturar los alimentos en trozos más pequeños para facilitar los procesos digestivos. Este proceso es realizado por los dientes, estructuras muy duras que contienen compuestos de calcio y flúor. Los tipos de dientes son:
- Incisivos: sirven para cortar los alimentos.
- Caninos: se utilizan para desgarrar.
- Premolares y molares: su función es triturar y desmenuzar.
Los niños tienen 20 dientes y los adultos 32. La lengua participa en el proceso de masticación moviendo el alimento de unos dientes a otros.
La Insalivación
Cuando introducimos un alimento en la boca, comenzamos a producir saliva, un líquido acuoso segregado por las glándulas salivales, situadas debajo de la lengua y a ambos lados de la cavidad bucal. Al mezclarse con el alimento triturado, se forma una masa llamada bolo alimenticio. La saliva cumple varias funciones:
- Facilita el paso del bolo alimenticio hacia la faringe y el esófago.
- Inicia la digestión de las moléculas de almidón presentes en numerosos alimentos, transformándolas en azúcares más sencillos, pues contiene amilasa, una enzima digestiva.
- Destruye algunas de las bacterias existentes en los alimentos.
La Deglución
Una vez formado el bolo alimenticio, su paso por el esófago se realiza gracias a la contracción de las dos capas musculares de su pared, que origina un movimiento característico denominado movimiento peristáltico.
El Estómago
Es un órgano con forma de gaita que comunica con el intestino delgado por medio del píloro, una válvula que habitualmente está cerrada. La válvula de entrada del estómago se llama cardias y siempre está abierta.
La entrada del bolo alimenticio en el estómago provoca la contracción de la musculatura gástrica. El bolo permanece en el estómago entre tres y cuatro horas como media y allí se mezcla con el jugo gástrico, una secreción producida por las glándulas que recubren su pared interna. La mezcla resultante constituye el quimo, una masa más fluida que el bolo alimenticio. El jugo gástrico contiene:
- Pepsina: una enzima que comienza la digestión de las proteínas.
- Ácido clorhídrico: que activa la pepsina, favorece su acción al facilitar la disgregación de las fibras de alimento y destruye las bacterias que este pueda contener.
El Intestino Delgado
Es un tubo que se extiende desde el píloro, donde se une con el estómago, hasta la válvula ileocecal, que lo separa del intestino grueso. Se divide en tres tramos:
- Duodeno: porción corta en forma de herradura.
- Yeyuno: el tramo más largo.
- Íleon: que desemboca en el intestino grueso.
En el intestino delgado, y específicamente en el duodeno, el quimo entra en contacto con las secreciones digestivas vertidas por el páncreas y el hígado.
El Hígado
Es un órgano grande que se encuentra en la parte derecha del abdomen y cubre parcialmente al estómago. Produce la bilis, que se vierte al duodeno a través de la ampolla de Vater. La secreción de la bilis no se realiza de forma directa; esta sustancia se va almacenando en la vesícula biliar, un órgano semejante a una bolsa próxima al duodeno, y solo es liberada cuando los alimentos entran en el intestino. La bilis no contiene enzimas digestivas, sino unas sustancias denominadas sales biliares, que facilitan la digestión de las grasas al emulsionarlas.
El Páncreas
Es una glándula alargada que se localiza detrás y debajo del estómago. Produce hormonas y segrega el jugo pancreático. Este contiene enzimas capaces de digerir los tipos de moléculas presentes en los alimentos y, además, bicarbonato de sodio, que neutraliza la acidez del quimo impidiendo que las células intestinales puedan resultar dañadas. Como resultado de la digestión, se originan moléculas sencillas que sirven de nutrientes a las células:
- Monosacáridos o azúcares sencillos.
- Glicerina y ácidos grasos.
- Aminoácidos.
La Absorción de los Nutrientes
Los nutrientes resultantes de la digestión, junto con otras sustancias que no necesitan ser digeridas, deben llegar hasta las células; para ello, deben pasar desde el intestino hasta la sangre, que los distribuirá por todo el organismo. En este proceso, denominado absorción, todos los nutrientes son absorbidos en el intestino delgado, salvo el agua, que es absorbida en el intestino grueso. La pared interna del intestino delgado está recubierta por numerosos repliegues, denominados vellosidades intestinales, recorridos por una gran cantidad de microscópicos conductos sanguíneos o capilares que recogen los nutrientes obtenidos tras la digestión.
El Intestino Grueso
Una vez finalizada la absorción de los nutrientes, los restos de alimento no digeridos pasan a la última porción del tubo digestivo, el intestino grueso, que tiene un diámetro mayor que el delgado, es más corto y no presenta vellosidades. En el intestino grueso se realiza la absorción del agua y la compactación de los residuos de la digestión para constituir las heces fecales.
